Esta carta de Marsilio Ficino, escrita originalmente en latín, forma parte de la Opera omnia del autor publicada en Basilea en 1576 y reimpresa en versión facsímil por la editorial Bottega d'Erasmo de Turín en 1959. Más recientemente, la editorial londinense Shepheard-Walwyn ha publicado, en 11 volúmenes aparecidos entre 1975 y 2020, una versión íntegra de las cartas de Ficino en lengua inglesa. La traducción al castellano que aquí presentamos ha sido confeccionada a partir de ambas fuentes.
Antología de Textos Herméticos
Ivoox Las Cartas de Marsilio Ficino por el Ateneo del Agartha.

PRAECEPTA AD MEMORIAM
PRECEPTOS PARA LA MEMORIA

MARSILIO FICINO

Marsilio Ficino saluda a Banco, el aritmético.

Si quieres que la reminiscencia de las cosas buenas sea fuerte, intenta olvidar las malas. Merece la pena que hundas los pensamientos viles en el río Leteo para retener los que son valiosos. Evita la embestida de las pasiones, Banco, huye del tumulto de la mucha actividad y los muchos pensamientos. ¿Quieres pensar útilmente? Entonces ten muy pocos pensamientos y de los que muy pocos piensan. Esto es lo que decía Pitágoras: apártate de las calzadas y camina por senderos. ¿Por qué se vaga irreflexivamente? La sagacidad y el juicio son necesarios, pues la liebre se halla escondida en una pequeña mota de hierba; los males están a la vista en todas partes, pero el bien se limita a un espacio estrecho.

¿Quieres tener una memoria poderosa para las cosas buenas? Pues ocúpate de descubrir la razón auténtica de lo que debe ser aprendido, ya que la razón [ratio] es el vínculo indisoluble entre la verdad y la memoria. Es quizás por ello que nuestro Platón decía que lo que ha sido bien comprendido una vez jamás puede ser olvidado por completo. Hay que traer a la memoria cosas que no sólo sean útiles, sino también agradables, pues los alimentos que tienen un sabor más agradable pasan más fácilmente a nuestra naturaleza y se hacen parte de ella. Y cuanto más gustosamente es bebido algo, más largamente es retenido.

Además, se debe subrayar que, a juicio de Aristóteles y Simónides, hay un orden definido, o al menos un orden que puede ser concebido, en lo que ha de ser aprendido. El orden consiste en una cierta proporción y entrelazamiento. Cuando las cosas han sido dispuestas en una secuencia ordenada, si alguna viene a la mente, el resto le sigue inmediata y necesariamente por un encadenamiento natural o artificial. Y si la atención de la inteligencia se dirige a una cosa, o a varias como si fueran una sola, actuará más poderosamente que si estuviese dividida entre muchas cosas. Así como la conexión completa y el orden de las partes conducen el todo compuesto por dichas partes a la unidad, igualmente es conducida a la unidad la atención de la inteligencia.

Y debemos ocuparnos de meditar a menudo sobre lo que hemos aprendido, ya que esta es la manera como el alimento de la inteligencia es digerido y transformado en inteligencia, por así decirlo. Ciertamente, es de la mayor ayuda repetir a menudo con un bello lenguaje y una dulce melodía lo que ha sido entregado a la memoria, pues el goce es el condimento de las cosas, el alimento del amor, el estímulo del ingenio, la nutrición de la voluntad y la fuerza de la memoria. Así mismo, es muy conveniente la admiración, pues la inteligencia se vuelve más atenta por su mediación e imprime los rasgos de las cosas en su interior. Del mismo modo que los niños se maravillan más con las cosas que son nuevas para ellos, retienen igualmente la memoria de éstas más largamente. Quizás tengan también menos pensamientos que los hombres, y además mucho más sosegados. Pero seguiremos con esto en otra ocasión.

Si hay que creer a los médicos, el cerebro debe ser purgado a menudo con aloe y purificado con las fragancias de la canela y la mejorana. No lo critico, desde luego, pero apruebo mucho más la limpieza del alma, pues ella debe ser purgada de males en primer lugar para poder ser llenada de bienes.

Que estés bien; es decir, que alimentes bien a tu alma. Y la alimentarás bien si la nutres, no en gran cantidad, sino exquisitamente.

Traducción: Marc García.

 

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