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Esta carta de Marsilio Ficino, escrita originalmente en latín, forma parte de la Opera omnia del autor publicada en Basilea en 1576 y reimpresa en versión facsímil por la editorial Bottega d'Erasmo de Turín en 1959. Más recientemente, la editorial londinense Shepheard-Walwyn ha publicado, en 11 volúmenes aparecidos entre 1975 y 2020, una versión íntegra de las cartas de Ficino en lengua inglesa. La traducción al castellano que aquí presentamos ha sido confeccionada a partir de ambas fuentes.
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Marsilio Ficino, el florentino, saluda a Bernardo Bembo, el orador veneciano.
Vamos, Bernardo, dime si puedes: ¿qué es lo que lloras en la muerte de un amigo? ¿Es la muerte? ¿O es acaso al muerto? Si es la muerte, llora la tuya, Bernardo. Ciertamente, tan seguro es que tu amigo está muerto como que tú has de morirte, o mejor dicho, que te estás muriendo, pues tu vida pasada perece a cada momento. Y si es al muerto, ¿es porque era malo o porque era bueno? Si era malo, es bueno para ti perder tal compañía; no debes afligirte por la bendición recibida. Y si fue bueno, que es lo que prefiero pensar puesto que es amado por un hombre bueno y prudente, seguro que es bueno para él vivir apartado de la muerte continua del cuerpo. No está bien envidiar a un amigo por tanta bendición; pero puede que te lamentes porque no volverás a ver a tu amigo en ningún lugar como solías.
Ahora bien, ¿no era tu amigo porque te amaba? ¿Y qué es lo que en él amaba sino la propia alma que te conocía? Mas tú no habías visto antes a su alma de un modo distinto que ahora, y ahora no la ves menos que entonces. Quizás lamentes la ausencia de tu amigo; pero las almas, al no ocupar espacio, se hacen presentes, no en un lugar concreto, sino en el pensamiento. Cuando no piensas en él no puedes entristecerte; y cuando piensas en él, cosa que haces a tu voluntad, restableces al instante su presencia. Por tanto, nunca debes lamentar su ausencia salvo que acaso nos objetes que no es propio de su alma libre tratar con tu alma, que ahora está encerrada en el cuerpo. Bernardo, si puedes, separa el alma del cuerpo, y créeme, vuestras almas se reunirán rápidamente. Pero si no puedes, sin duda se encontrarán un poco más tarde lo quieras o no. En efecto, si comparamos lo que vivimos con nuestra voluntad, resulta sumamente breve; si lo comparamos con la edad del mundo, no es más que un instante; y en comparación con la edad de Dios, es aún menos que un instante.
Adiós, y vive en Dios, pues sólo su vida es infinita, sólo Él aleja la muerte y la tristeza de la muerte de quienes lo adoran.
Traducción: Marc García.
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