Antología de Textos Herméticos
MANIFIESTOS ROSACRUCES
II. CONFESSIO FRATERNITATIS
o
La confesión de la loable fraternidad de la honorabilísima orden de La Rósea Cruz, dirigida a todos los doctos de Europa

Cualquier cosa que se publique y haga saber a todos acerca de nuestra fraternidad por la mencionada Fama, que nadie la tome a la ligera, ni la considere cosa ociosa o inventada y mucho menos la reciba como si no fuera más que un capricho nuestro. Pues el Señor Jehová (quien viendo que el Sabbath del Señor es inminente y que de nuevo se dirige rápidamente hacia su principio, ya que su tiempo o marcha ha terminado) es quien hace que la naturaleza haga su recorrido: y lo que se ha buscado hasta hoy con grandes dificultades y diarias faenas ahora se manifiesta a los que le dan poca importancia y rara vez piensan en ello; pero a los que lo desean, es de una manera forzada que se les impone, para que así la vida de los piadosos sea aliviada de todas sus fatigas y trabajos y ya no quede sujeta a las tempestades de la inconstante fortuna, y la perversidad de los impíos se aumente y multiplique con ello, junto con su debido y merecido castigo.

Aunque nadie puede acusarnos de la menor herejía, ni de ningún principio malvado ni propósito contra el gobierno temporal, condenamos el Oriente y el Occidente (es decir el Papa y Mahoma) blasfemos contra Nuestro Señor Jesucristo, y ofrecemos y presentamos de buena fe al supremo jefe del Imperio Romano nuestras oraciones. secretos y grandes tesoros en oro.

No obstante, creemos que es bueno y adecuado para los doctos agregar algo a esto, y explicar mejor lo que haya de demasiado profundo, oculto o planteado oscuramente en la Fama, o lo que por alguna razón hubiera sido sencillamente omitido o dejado afuera; esperando que con ello los doctos se acerquen más a nosotros, que sean mucho más idóneos para nuestros propósitos y que tengan una mayor voluntad de serlo.

Respecto a los cambios y reformas de la filosofía, ya hemos dicho lo suficiente (tanto, cuanto por ahora es necesario), o sea que, aunque la mayor parte alega falsamente que (quién sabe cómo) es fuerte y firme, nosotros no dudamos que a pesar de ello está a punto de exhalar el último suspiro y expirar.

Pero así como es común que aun en el mismo lugar o país donde se declara una epidemia nueva y desconocida, la naturaleza descubra allí mismo la medicina contra dicha enfermedad, así puede verse que existen los medios apropiados contra las múltiples enfermedades de la filosofía, que abundantemente están al alcance de nuestra Patria, para volver a darle firmeza, lo cual equivale actualmente a renovarla y hacerla toda de nuevo.

No poseemos otra filosofía que la que es la cabeza y la suma, las bases y el contenido de todas las facultades, ciencias y artes, la cual (si observamos bien nuestros tiempos) tiene mucho de teología y de medicina, y muy poco de la sabiduría de la ley, y estudia con diligencia tanto el cielo como la tierra; o sea que, para decirlo brevemente, manifiesta y declara suficientemente al Hombre, por lo cual todos los hombres de estudio que se nos presenten y entren a nuestra hermandad, gracias a nosotros descubrirán más secretos maravillosos de los que hasta entonces hubiesen conocido por sí mismos, y que pudieran creer o expresar.

Por lo cual, para explicar brevemente lo que queremos decir, debemos esforzarnos con cuidado para que quien nos conozca no sólo sienta admiración y aliento, sino que igualmente todos sepan que aunque no consideramos ni estimamos en poca cosa dichos misterios y secretos, de todos modos nos parece conveniente que su conocimiento se manifieste y revele a muchos.

Porque hay que enseñar y creer que este ofrecimiento hecho de tan buena gana por nosotros, aunque inesperado, dará pie a muchos y diversos pensamientos entre los hombres, para los cuales (todavía) son desconocidos los Miranda sexta aetatis, o entre aquellos que por razones del curso del mundo estiman las cosas futuras corno del presente, y que tropiezan con los inoportunos obstáculos de todas clases que existen en nuestro tiempo, para no hacerlos vivir más que como ciegos y tontos que a la clara luz del sol son incapaces de discernir ni de saber nada que no pueda ser captado por medio del sentimiento.

Ahora bien, sobre la primera parte, consideramos que las meditaciones, conocimientos e invenciones de nuestro amoroso Padre Cristiano son tan excelentes, valiosas y grandes, que si todos los libros desaparecieran y si, por decisión de Dios Todopoderoso, se perdieran todos los escritos y todo el saber humano, sólo por medio de ellos podría la posteridad poner de nuevo las bases para sacar otra vez a la luz la verdad (pues se refieren a todo lo que desde el principio del mundo la sabiduría del hombre, ya sea por divina revelación o mediante los servicios de ángeles o espíritus, o mediante la agudeza y profundidad del entendimiento, o mediante una larga observación, ha usado, experimentado, descubierto, inventado, producido o corregido, y que hasta ahora ha sido propagado y trasplantado); lo cual quizá no sería tan difícil como si fuera menester empezar por demoler y destruir un vetusto edificio ruinoso, para luego ampliar la fachada, dar luz a las habitaciones y cambiar las puertas, escaleras y otras cosas según nuestras intenciones.

Pero ¿para quién no sería esto aceptable, revelarlo a todos, en lugar de conservarlo secreto y guardado, como ornamento especial para el tiempo debido cuando llegue?

¿Por qué motivo no debemos permanecer y quedarnos en la única verdad (que los hombres siempre buscan con numerosos medios erróneos y torcidos), si Dios sólo hubiera querido encendernos el sexto Candelabrium? ¿No sería bueno que no necesitáramos preocuparnos, ni temer al hambre, la pobreza, las enfermedades y la vejez?

¿No sería valioso que siempre se pudiera vivir así, como si se estuviera en esta vida desde el principio del mundo, y además como si se pudiera seguir viviendo hasta que éste llegara a su fin? ¿No sería excelente vivir en un lugar en el que ni la gente que vive más allá del río Ganges en las Indias pudiera ocultar nada, ni los que viven en el Perú pudieran conservar secretos sus conocimientos y no darlos a conocer a nadie?

¿No sería valioso poder leer el único libro y además con esta lectura comprender y recordar todo lo que en todos los demás libros (que hasta ahora han sido, son ahora y en el futuro aparecerán) ha sido, es y será aprendido y descubierto?

¡Qué agradable sería poder cantar así, que en lugar de piedras se pudieran recoger perlas y gemas, en lugar de fieras, espíritus, y en lugar del infernal Plutón, conmover a los príncipes poderosos del mundo!

Oíd, hombres, muy distinto es el designio de Dios, quien ha determinado ahora aumentar y agrandar el número de miembros de nuestra fraternidad, cosa que nosotros hemos recibido con sumo regocijo, ya que hasta ahora se nos había dado este gran tesoro sin méritos de nuestra parte, aun sin nuestras esperanzas, ni pensamiento, ni propósito de ponerlo en práctica con la debida fidelidad, tanto que ni la compasión ni la piedad de nuestros propios hijos (algunos de nosotros, miembros de la fraternidad, los tenemos) nos alejará de ello, porque sabemos que estos no esperados bienes no pueden heredarse ni obtenerse por azar.

Si ahora hay alguien que por otra parte se queje de nuestra decisión, de que ofrezcamos demasiado libremente nuestros tesoros, de que lo hagamos sin hacer ninguna diferencia entre los hombres, y de que no consideremos ni respetemos más a las personas piadosas, estudiosas, sabias o de alta posición que a la gente común y corriente, no lo contradecimos, porque vemos que no es ningún asunto ligero ni de fácil solución; pero además aclaramos que nuestros Arcana o secretos de ninguna manera serán comunes y conocidos generalmente. Pues aunque la Fama sea publicada en cinco lenguas y esté al alcance de todo el mundo, sin embargo nosotros en parte bien sabemos que los ingenios ignorantes y groseros no la recibirán ni la podrán apreciar; como tampoco el valor de los que sean aceptados en nuestra fraternidad será medido y conocido por nosotros por medio del esmero del hombre, sino por la regla de nuestra revelación y manifestación. Por lo cual, si los indignos gritan y llaman mil veces, o si se ofrecen y presentan ante nosotros mil veces, Dios ha preparado de tal manera nuestros oídos que no oirán a ninguno de ellos; además, Dios nos ha envuelto con sus nubes para que contra nosotros sus siervos no pueda hacerse fuerza ni cometerse violencia: y por ello no podemos ser ni vistos ni conocidos por nadie, excepto por el que tenga ojos de águila. Ha sido necesario publicar la Fama en la lengua madre de todos para que no se quedaran sin conocerla aquellos que (aunque indoctos) no habían sido excluidos por Dios de la felicidad de esta fraternidad, la cual debe dividirse y separarse en ciertos grados; como los que viven en la ciudad de Damcar(1) de Arabia, que tienen un orden político y social sumamente distinto del de los demás árabes. Porque allí únicamente gobiernan los hombres sabios y de gran intelecto, quienes hacen leyes particulares con autorización del rey; también en Europa debería instituirse el gobierno siguiendo este ejemplo (del cual tenemos una descripción elaborada por nuestro Cristiano Padre), cuando se haga lo primero y pase lo que precederá. Y entonces nuestra trompeta sonará públicamente con una gran fuerza y mucho ruido, cuando precisamente esto mismo (que actualmente es mostrado por pocos, en secreto y como cosa futura, y expuesto con figuras y estampas) sea proclamado abiertamente con libertad y llene todo el mundo. Aun de la manera tan difícil que hasta ahora ha sido posible, mucha gente piadosa ha combatido secretamente y con mucha desesperación la tiranía del Papa, el cual después en Alemania con gran ahínco serio y especial fue derrocado de su trono y pisoteado; pero su derrota final fue demorada hasta nuestro tiempo, cuando será hecho pedazos con clavos, y con una nueva voz se pondrá fin a sus rebuznos. Lo cual sabemos que ya es razonablemente evidente y conocido por muchos hombres doctos de Alemania, como comprueban suficientemente sus escritos y secretas felicitaciones.

Podríamos aquí contar y declarar lo que sucedió durante todo ese tiempo, desde el año del Señor de 1378 (año en que nació nuestro Padre Cristiano) hasta ahora, relatando los cambios de que fue testigo en el mundo durante los ciento seis años de su vida, y que dejó a nuestros hermanos y a nosotros para que los estudiáramos cuidadosamente después de su muerte. Pero la brevedad que nos hemos impuesto no nos permite relatarlo en este momento, hasta una ocasión más apropiada. Para los que no desprecian nuestras declaraciones, baste ahora que ya hayamos aludido a esto para preparar el camino para conocernos y hacernos amigos.

Y a quien se le permite ver las grandes letras y signos que el Señor Dios escribió e imprimió en el cielo y en el edificio de la tierra, mediante los cambios de gobierno, el cual de cuando en cuando cambia y se renueva, es ya nuestro (aunque todavía no lo sepa). Y como sabemos que no despreciará nuestra invitación y nuestra llamada, nadie debe temer ningún engaño, porque prometemos y decimos abiertamente que ni la rectitud ni las esperanzas de nadie serán defraudadas, sea quien sea quien se nos presente bajo el sello del secreto y que desee entrar a formar parte de nuestra fraternidad.

Pero a los falsos e hipócritas y a los que buscan algo que no es la sabiduría, les decimos y declaramos por este medio públicamente que no podemos darnos a conocer para luego ser traicionados por ellos; y mucho menos podrían de ninguna manera hacer daño sin la voluntad de Dios, sino que ciertamente también serán objeto del castigo de que se habla en nuestra Fama, para que sus perversas ideas caigan sobre ellos mismos y nuestros tesoros queden inviolados e intactos, hasta la llegada del león, que los pedirá para usarlos y emplearlos con el fin de confirmar y establecer su reino. Aquí debemos pues observar muy bien, y hacerlo saber a todos, que con toda certeza y seguridad Dios ha decidido enviar y conceder al mundo antes de su fin, que ocurrirá poco después, una verdad, una luz, una vida y una gloria iguales a las que tuvo el primer hombre Adán y que perdió en el Paraíso cuando él y sus sucesores fueron sentenciados y arrastrados a la desgracia. Por lo cual cesará toda servidumbre, falsedad, mentira y oscuridad, que poco a poco y con la gran revolución del mundo se han ido filtrando en todas las artes, obras y gobiernos de los hombres, oscureciéndolos en su mayor parte. Pues de allí proceden una innumerable cantidad de falsas opiniones y herejías de todas clases, tanto que malamente podía el más sabio saber cuáles doctrinas debía seguir y abrazar, las cuales no eran tan fáciles de discernir bien, viendo por una parte que el respeto de los filósofos y hombres doctos los detenía, obstaculizaba y hacía caer en el error, y por la otra la verdadera experiencia. Todo lo cual, cuando sea abolido y eliminado y en su lugar se instituya una regla correcta y verdadera, entonces quedará el agradecimiento hacia aquellos que se esforzaron en ese sentido. Pero la obra en sí será atribuida a que nuestra época es una época bendita.

Como confesamos ahora de buen grado, los numerosos hombres principales, por medio de sus escritos, serán una gran fuerza promotora de la reforma que está por llegar; y nosotros no deseamos que este honor se nos atribuya, como si semejante obra nos hubiera sido únicamente ordenada e impuesta. Pero admitimos y damos abiertamente fe con Jesucristo Nuestro Señor que primero sucederá que las piedras se levanten y ofrezcan sus servicios, antes que falten ejecutores y realizadores de la voluntad de Dios; además, el Señor Dios ya había enviado anteriormente a ciertos mensajeros para dar testimonio de su voluntad, o sea unas estrellas nuevas que aparecen y pueden verse en el firmamento, en las constelaciones del Serpentario y del Cisne, que se revelaron y dieron a conocer a todos como poderosas signacula de asuntos de gran importancia. Así pues, es sumamente necesario conservar ocultos y secretos los escritos y signos de todas las cosas descubiertas por los hombres. Y aunque el gran libro de la naturaleza está abierto y pueden verlo todos los hombres, hay muy pocos que lo puedan leer y comprender. Porque así como se han dado al hombre dos instrumentos para oír, y también dos para ver, y dos para oler, sólo se le ha dado uno para hablar, y sería vano esperar que salieran palabras de las orejas, o que los ojos oyeran. Y así como ha habido épocas o tiempos que han visto, también ha habido épocas que han oído, olido o gustado. Ahora bien, falta una en que muy pronto se hará un honor semejante a la lengua y por ella; lo que anteriormente había sido visto, oído y olido, ahora finalmente será dicho y hablado, cuando el mundo despierte de su pesado y amodorrado sueño, y con el corazón abierto y la cabeza descubierta y descalzo salude con alegría y regocijo el nuevo Sol naciente.

Estos signos y letras, como los que Dios ha incorporado aquí y allá en la Sagrada Escritura, la Biblia, también los imprimió de manera muy clara en la prodigiosa creación del cielo y la tierra, y también en todos los animales. De manera que como el matemático y el astrónomo pueden ver y saber cuándo se presentarán los futuros eclipses, así podamos nosotros conocer y ver anticipadamente y en verdad la negrura del oscurantismo de la Iglesia y su duración futura. Nosotros hemos tomado nuestra escritura mágica de estos signos y letras, y descubrimos e hicimos un nuevo lenguaje para nosotros mismos, en el cual además está expresada y declarada la naturaleza de todas las cosas. De manera que no es nada rato que no seamos tan elocuentes en otros idiomas, los cuales, según sabemos, son completamente diferentes a la lengua de nuestros antepasados Adán y Enoc, y se perdieron completamente por medio de la confusión babilónica.

Pero también os debemos hacer entender que ante nosotros hay plumas de águila que todavía nos cierran el camino e impiden la realización de nuestros fines. Por ello exhortamos a todos a leer continuamente y con diligencia la Santa Biblia, porque quien tome de ella todos sus placeres estará preparado de manera excelente para ingresar a nuestra fraternidad. Pues así como esto es la suma y el contenido total de nuestra regla, que hay que aprender y observar bien todas las letras y signos que hay en el mundo, así los que hacen de la Santa Biblia la regla de su vida y el objetivo y fin de todos sus estudios son afines a nosotros y están aliados muy estrechamente con nosotros; además, es un compendio de la esencia de todo el mundo. Y no sólo tenerla continuamente en la boca, sino saber cómo aplicar y dirigir su verdadera comprensión a todos los tiempos y épocas del mundo. Tampoco es nuestra costumbre prostituir y vulgarizar las Sagradas Escrituras, pues hay innumerables hombres que las interpretan, unos falseándolas y deformándolas para ajustarlas a su opinión, otros para deshonrarlas y compararlas con una inmensa perversidad a una nariz de cera para servir por igual a adivinos, filósofos, médicos y matemáticos Contra todos éstos, declaramos y reconocemos abiertamente que desde el principio del mundo no ha sido dado a los hombres un libro más estimable, más excelente, ni más admirable y saludable que la Sagrada Biblia. Bendito es quien la posee, pero más bendito es quien la lee con diligencia, aunque el más bendito de todos es el que verdaderamente la comprende, porque entonces es más parecido a Dios y se acerca más a él. Pero cualquier cosa que se haya dicho en la Fama sobre los impostores de la transmutación de los metales y de la más alta medicina del mundo, debe entenderse que de ninguna manera menospreciamos y despreciamos tan gran don de Dios. Aunque esto no trajo consigo siempre el conocimiento de la naturaleza, no sólo trajo la medicina, sino también hizo que innumerables secretos y prodigios se nos manifestaran y revelaran. Por consiguiente es un requisito que tratemos seriamente de alcanzar el conocimiento y la comprensión de la filosofía. Y además, los talentos más excelentes no deben ser arrastrados a la tintura de los metales antes de haberse ejercitado bien en el conocimiento de la naturaleza. Debe ser una criatura insaciable, tan avanzada que ni la pobreza ni las enfermedades puedan hacerle daño, sí, que se encuentre por encima de todos los demás hombres y domine lo que angustia, aflige y lastima a otros; pero si tiene tina reserva infinita de oro y plata se dará de nuevo a cosas vanas tales como la construcción de casas, la guerra y todas las formas del orgullo.

A Dios le placen cosas muy distintas, por ello exalta a los humildes y derriba con desdén a los orgullosos; envía su santo ángel a hablar con los hombres de pocas palabras: pero a los charlatanes impuros los empuja al desierto y a lugares solitarios. Lo cual es la recompensa que se merecen los tentadores papistas, que han vomitado sus blasfemias contra Cristo y todavía persisten en seguir diciendo sus mentiras en esta luz tan clara y brillante. En Alemania, todas sus abominaciones y detestables tretas han sido descubiertas, para que así colmen completamente la medida de sus pecados y se acerquen a la consumación de su castigo. Por ello un día sucederá que a estas víboras se les cerrará la boca, y los tres cuernos dobles(2) serán aniquilados, como expresaremos más amplia y claramente de viva voz.

Para concluir nuestra Confesión, debemos advertiros gravemente que debéis deshaceros si no de todos, por lo menos de la mayoría de los libros escritos por falsos alquimistas, que consideran juego o pasatiempo el mal uso de la Santa Trinidad, la cual aplican a cosas vanas, o que engañan a la gente con figuras extrañísimas y con frases y razonamientos oscuros y que con trampas les sacan a los simplones su dinero; pues actualmente se publican muchos libros semejantes, que el Enemigo del bienestar del hombre todos los días mezcla, y mezclará hasta el final, con la buena semilla, para hacer que sea más difícil creer en la verdad, la cual en sí misma es sencilla, fácil y clara: por el contrario, la falsedad es orgullosa y arrogante, y está cubierta por una especie de lustre de una sabiduría aparentemente piadosa y humana. Vosotros que sois sabios, descartad tales libros y venid hacia nosotros, que no queremos vuestros dineros, sino que os ofrecemos con la mejor voluntad nuestros tesoros. No tratamos de apoderarnos de vuestros bienes por medio de tinturas inventadas y engañosas, sino que deseamos que compartáis los nuestros. Os hablamos por medio de parábolas, pero con gusto os guiaremos hacia una exposición, comprensión, declaración y conocimiento correctos, sencillos, fáciles y sinceros de todos los secretos. No deseamos ser recibidos por vosotros, sino invitaros a nuestras casas y palacios, que son más que regios, y que verdaderamente no sea por nuestra propia iniciativa, sino (para que vosotros también lo sepáis) que os empuje a ello la instigación del Espíritu de Dios, por medio de su inspiración y en ocasión del tiempo presente.

¿Qué pensáis de esto, oh hombres amorosos, y cómo parece afectaros el ver que ahora comprendéis y sabéis que nosotros en verdad y con sinceridad profesamos las enseñanzas de Cristo, condenamos al Papa, nos dedicamos a la verdadera filosofía, llevamos una vida cristiana y todos los días llamamos, atraemos e invitamos a muchos otros a unirse a nuestra fraternidad, para que también ante ellos aparezca la luz de Dios? Pensad que es fácil empezar con nosotros no sólo a apreciar los dones que están dentro de vosotros mismos, con la experiencia que tenéis de la palabra de Dios, además de la consideración cuidadosa de las imperfecciones de todas las artes y muchas otras cosas inconvenientes, para tratar de enmendarlas, para aplacar a Dios y para adaptaros al tiempo en que vivís. Seguramente que si hacéis esto se obtendrá el provecho de que todos los bienes que, prodigiosamente dispersos, la naturaleza tiene en todas las partes del mundo os sean dados todos de un golpe y fácilmente os liberen de todo lo que oscurece el entendimiento del hombre e impide su funcionamiento, como las vanas excentricidades y epiciclos.

Pero los hombres pragmáticos y racionales a quienes deslumbra el brillo del oro o (más frecuentemente cierto) que son honrados pero que, por pensar en tan grandes riquezas como algo indispensable, se corrompen fácilmente y son empujados a ocuparse de lo inútil y a una vida licenciosa y orgullosa, esos no queremos que nos molesten con sus lloriqueos vanos e inútiles. Que piensen que, aunque existiera una medicina para curar todas las enfermedades completamente, de todas maneras aquellos a quienes Dios ha destinado a padecer siempre enfermedades y a tenerlos bajo la vara que corrige nunca obtendrán semejante medicina.

Aun así, aunque podamos enriquecer al mundo entero, dotarlo de conocimientos y liberarlo de innumerables miserias, nunca nos manifestaremos ni revelaremos a nadie sin que Dios así lo quiera; y quien crea posible obtener el beneficio de compartir nuestras riquezas y conocimientos sin la voluntad de Dios o contra ella, estará tan lejos que primero perderá la vida buscándonos y procurándonos, antes que encontrarnos para alcanzar la deseada felicidad de la Fraternidad de la Rósea Cruz.

Traducción: C. Nogués.

 

II. Fama Fraternitatis

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NOTAS

(1)     Damasco.

(2)      "... triple corona..."